
La pasada semana acabamos de comentar algunos aspectos de la I Guerra Mundial y también empezamos a hablar de uno de los problemas más importantes posteriores a dicha guerra, la crisis de 1930.
Cuando los problemas de reconstrucción económica posteriores a la I Guerra Mundial parecían solventados, la economía mundial entró en una etapa de profunda depresión, las causas de la cual todavía se discuten. Los orígenes de la depresión de los años 30 se deben buscar en la evolución de la economía norteamericana durante estos años y en la influencia de los EEUU sobre la economía mundial. Las raíces de la depresión en los EEUU se encuentran en dos factores esenciales: en la caída de la inversión y del aumento de la productividad generado principalmente por la electrificación de la producción y en la adopción de políticas económicas inadecuadas.
A nivel mundial, la crisis tenía como base los cambios estructurales provocados por la guerra y como factores el doble impacto de la reducción del crédito exterior a mediados de 1928 y la difusión de la depresión norteamericana. Los EEUU no supieron liderar la economía mundial como Gran Bretaña lo había hecho antes de la guerra, manteniendo el flujo monetario internacional a través de la apertura de su mercado interior y la reinversión al exterior de las ganancias de su balanza de pagos; tras la guerra, los EEUU hicieron todo el contrario, provocando el estrangulamiento de su propia economía y como consecuencia, de la economía mundial. A su vez, la mayoría del resto de países vivieron a bulto de sus posibilidades, fijando paridades oro demasiado altas para sus monedas.
Tras la guerra, los EEUU pasaron a liderar claramente la economía mundial. El aumento de la productividad, debido a las mejoras en los procesos productivos, permitió un fuerte crecimiento de la producción y de la demanda, sobre todo de productos de consumo duraderos, desde el automóvil a los electrodomésticos. Pero a principios de septiembre de 1929 las cotizaciones bursátiles dejaron de subir y después cayeron más deprisa que no habían subido. Fue el disparo de salida de la peor crisis del capitalismo, una recesión profunda y que se extendió rápidamente a nivel mundial: la depresión de los años 30 .Está claro que una guerra a parte de provocar muertes, desgracias, pérdidas, problemas psicológicos... cuando ésta se acaba las consecuencias no hacen más que brotar y reproducirse. Un claro ejemplo es la crisis de 1930.
Cuando los problemas de reconstrucción económica posteriores a la I Guerra Mundial parecían solventados, la economía mundial entró en una etapa de profunda depresión, las causas de la cual todavía se discuten. Los orígenes de la depresión de los años 30 se deben buscar en la evolución de la economía norteamericana durante estos años y en la influencia de los EEUU sobre la economía mundial. Las raíces de la depresión en los EEUU se encuentran en dos factores esenciales: en la caída de la inversión y del aumento de la productividad generado principalmente por la electrificación de la producción y en la adopción de políticas económicas inadecuadas.
A nivel mundial, la crisis tenía como base los cambios estructurales provocados por la guerra y como factores el doble impacto de la reducción del crédito exterior a mediados de 1928 y la difusión de la depresión norteamericana. Los EEUU no supieron liderar la economía mundial como Gran Bretaña lo había hecho antes de la guerra, manteniendo el flujo monetario internacional a través de la apertura de su mercado interior y la reinversión al exterior de las ganancias de su balanza de pagos; tras la guerra, los EEUU hicieron todo el contrario, provocando el estrangulamiento de su propia economía y como consecuencia, de la economía mundial. A su vez, la mayoría del resto de países vivieron a bulto de sus posibilidades, fijando paridades oro demasiado altas para sus monedas.
Tras la guerra, los EEUU pasaron a liderar claramente la economía mundial. El aumento de la productividad, debido a las mejoras en los procesos productivos, permitió un fuerte crecimiento de la producción y de la demanda, sobre todo de productos de consumo duraderos, desde el automóvil a los electrodomésticos. Pero a principios de septiembre de 1929 las cotizaciones bursátiles dejaron de subir y después cayeron más deprisa que no habían subido. Fue el disparo de salida de la peor crisis del capitalismo, una recesión profunda y que se extendió rápidamente a nivel mundial: la depresión de los años 30 .Está claro que una guerra a parte de provocar muertes, desgracias, pérdidas, problemas psicológicos... cuando ésta se acaba las consecuencias no hacen más que brotar y reproducirse. Un claro ejemplo es la crisis de 1930.
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