A finales del siglo XIX y a principios del XX tuvo lugar el fenómeno del imperialismo. Básicamente fue el establecimiento de colonias pertenecientes a países industrializados en territorios bien dotados de recursos naturales. La reunión de Berlín de 1885 dio vía libre a la ocupación de continentes desconocidos. Podemos destacar las colonias británicas (Canadá, India, Australia, Sudáfrica…) y las francesas (norte y oeste de África). Así el mundo se dividió entre lugares manufactureros industriales y países o colonias proveedores de materia prima. Se puede decir que el imperialismo en general fue poco rentable ya que los países colonizadores se centraron más en poderío y prestigio militar que en producción económica. También a finales del siglo XIX, el comercio mundial vivió una serie de cambios. Mejoraron las redes de transportes y las comunicaciones y se igualaron criterios entre países a la hora de valorar las mercancías. Cabe destacar el debate sobre el librecambio y el proteccionismo. Los países que buscaban industrializarse imponían fuertes aranceles ya que no podían competir con otros ya industrializados.
Podemos comparar el imperialismo de finales del siglo XIX con la expansión e influencia económica que están teniendo ciertos países hoy en día. Un gran número de multinacionales de naciones desarrolladas y de diversos sectores industriales se han instalado en países orientales como India, China, Filipinas o Pakistán en busca de mano de obra barata. Si antes lo que se buscaba mediante expansión territorial era materia prima, actualmente se valora el factor de capital humano. Es una gran forma de reducir costes de producción. Otra de las ventajas que tienen este tipo de actividades es que se anima la economía del país donde se instala la actividad empresarial. Por ejemplo, se crean puestos de trabajo para los residentes de la zona. En líneas generales, la inversión extranjera es beneficiosa para el país que la acepta y la recibe debido a la gran fuente de riqueza y bienestar que representa.
Esta inversión también es vista como una forma de apertura hacia el comercio internacional. Todas estas ventajas quedan demostradas si se observa la gran dificultad que tienen los países cerrados al comercio en desarrollarse. Suele pasar en lugares con regímenes dictatoriales que sufren los efectos de embargos internacionales. No obstante, es necesaria en ocasiones la intervención estatal para fijar normas de carácter proteccionista, como por ejemplo la imposición de aranceles. Es evidente que se ha de proteger la industria nacional, pero un país maximiza su bienestar siempre y cuando se abra al comercio internacional y a la colaboración con los demás países.
jueves, 26 de marzo de 2009
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